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La naturaleza tardó más de 36 millones de años en labrar esta imponente formación de roca. Es por ello que este sitio ha sido testigo de toda la historia de nuestro país y muchísimo más. Fue precisamente aquí, en 1527, donde el capitán español Diego de Mazariegos atacó a los indios
chiapa como una estrategia para lograr la conquista de estos territorios. Algunas versiones de la historia cuentan, incluso, que los pobladores se lanzaron a las aguas del río, desde muy alto, con tal de no ser conquistados por los españoles.
Lo cierto es que este cañón hoy puede disfrutarse de distintas maneras, pues además de sus impresionantes dimensiones guarda una inigualable
riqueza biológica en su zona fluvial, montañosa, selvática y boscosa. Es considerado Parque Nacional desde 1980 y en él se han registrado dieciocho especies de orquídeas, diez de bromelias, cinco de helechos y tres de begonias. Este hábitat es uno de los últimos refugios nacionales de hocofaisanes, tapires, osos hormigueros, monos araña y cocodrilos de río; sus poblaciones más abundantes son de jabalíes, chachalacas, halcones cola roja, gavilanes, iguanas negras y boas constrictor, que hacen la vida entre río y montaña.
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